sábado, 4 de octubre de 2008
miércoles, 28 de mayo de 2008
Sugerencias de apoyo al estudio
Cada persona tiene una forma característica de aprender, que no coincide del todo con la de otras personas. Es importante que ayudéis a vuestro hijo e hija a descubrir cuál es la manera en la que aprovecha mejor su estudio.
No hay un modo único de organizar el tiempo de estudio. Es difícil precisar cuántas horas deben dedicarse a estudiar, porque depende de la dificultad de las asignaturas, los deberes que haya para ese día, la capacidad o estado de ánimo de cada estudiante, etc. Como norma general, es aconsejable dedicarle al menos un tiempo diario (entre una y tres horas) y, sobre todo, aprender a planificar las tareas: decidir cuánto nos llevará cada actividad, por cuál comenzaremos, en qué momentos podremos descansar, etc.
Puede ser una ayuda que los chicos y chicas tengan un horario de estudio colocado en un lugar visible de su habitación.
Siempre hay algo que hacer. Aunque no haya deberes, se puede repasar lo que se ha explicado en clase, pasar a limpio los apuntes, hacer un trabajo pendiente, ojear un tema que se explicará días después, etc. También se puede leer un libro.
Conviene mantener ante el estudio una postura activa. Esto se consigue relacionando lo que se estudia con aspectos de la vida diaria, profundizando y ampliando, pensando en qué cosas de las asignaturas pueden resultar interesantes, etc. Si creen que su hijo o hija se limita a memorizar o releer los temas una y otra vez, anímenle a subrayar, hacer esquemas, hacer gráficos, consultar otros libros o enciclopedias...
Cada persona tiene un ritmo diferente para estudiar. Hay quien prefiere empezar por lo más difícil y quien por lo más fácil. Sin embargo, en general, es aconsejable no sobrecargarse de trabajo (lo que a veces se hace, por ejemplo, antes de un examen) y hacer descansos periódicos en cada sesión de estudio.
El ambiente de estudio es importante, si bien cada persona tiene sus propias preferencias. Permitan a sus hijos estudiar donde mejor lo hagan, e incluso escuchar música (no demasiado alta) si ello les ayuda. No obstante, si ven que se distraen con frecuencia, lo aconsejable es que busquen un lugar tranquilo, sin interrupciones ni ruidos.
Para estudiar con provecho hay que estar en buena forma. Es conveniente tener una alimentación adecuada, dormir lo suficiente y hacer algún tipo de deporte o ejercicio físico.
Estudiar es importante, pero otras cosas también lo son. Es necesario que sus hijos e hijas aprendan a llenar el tiempo de ocio de un modo saludable. A lo largo de la tarde, debe haber tiempo para estudiar y también para otros hobbies y ocupaciones. Durante el fin de semana, no pasa nada si se trabaja menos.
Conviene que los padres se interesen por lo que hacen sus hijos. Debe hacerse sin transmitir la impresión de que estamos supervisando o vigilando. Si su hijo lleva una Agenda, revísenla periódicamente y estén muy atentos a que anoten allí sus tareas; si no la lleva, puede utilizar para ello los propios cuadernos de clase.
Si pueden, ayuden a sus hijos a realizar sus tareas; háganlo de un modo amigable. Si lo que están estudiando se les queda grande, busquen consejo sobre cómo hacerlo, en primer lugar del tutor.
Los y las estudiantes deben tener cada vez más autonomía y responsabilidad de su aprendizaje. No obstante, quizá en los primeros momentos convenga que supervisen su asistencia a clase, que se aseguren que llevan el material necesario y que realizan las tareas que mandan los profesores y profesoras.
Estudiar es una tarea ingrata. Animen a sus hijos e hijas y recuerden que suele dar mejores resultados un premio o una alabanza verbal que un castigo.
martes, 13 de mayo de 2008
lunes, 12 de mayo de 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
miércoles, 7 de mayo de 2008
Animación a la lectura
“¡Agarra los libros, que no muerden!” dice la letra de un famoso tango, pero otra cosa distinta es lograr que los hijos sigan el consejo que propone la popular melodía rioplatense.
Lo ha probado casi todo. Un día tras otro te has sentado con tu hijo para leer algo juntos o le has leído cada noche el capítulo de un libro junto a su cama antes de acostarse. Le has ofrecido algún premio o amenazado con algún castigo para que terminara ese libro “de aventuras” que arrastra desde hace tiempo.
También has intentado fomentar su interés por la lectura haciéndole buscar palabras en el diccionario, o ayudándole a sacar el carné de todas las bibliotecas del barrio.
Incluso has intentado hacerle comprender a tu pequeño que leer le ayuda a la organización de su cerebro, su progreso intelectual y el éxito académico, además de desarrollar su afectividad, autoestima, imaginación, la creatividad y la fantasía, y favorecer la comprensión y la tolerancia y estimular la curiosidad.
Pero aún así, no hay manera de que tu hijo tome un libro entre sus manos o saque algún texto del rincón de su habitación al que los ha relegado. ¿Has pensado que quizás los que ha seguido no son los mejores caminos para fomentar el hábito lector? ¿Te has preguntado alguna vez por qué a tu hijo no le gusta leer?
Para crear las condiciones favorables destinadas a que surja en tus hijos el deseo de leer y que se convierta en un hábito que nazca de ellos mismos, puedes seguir los consejos y trucos que te proponen los más prestigiosos psico-pedagogos:
Consejos y trucos
-- Predica con el ejemplo. Si el pequeño ve a sus padres con un libro, revista o un periódico en las manos, esto se convierte en una referencia para su propio comportamiento, y significa que en la familia hay momentos dedicados a la lectura en los que los pequeños pueden participar.
Si además tus hijos te oyen hablar sobre libros o comentar las impresiones que éstos les suscitan, se prolonga la actividad lectora y produce una transmisión de conocimientos y comunicación que afianza el gusto lector.
-- Llama la atención de los niños hacia la lectura. Puedes aprovechar su curiosidad infantil. Si te preguntan algo diles que la respuesta se puede encontrar en algún libro, y búscala con ellos. Si no dispones de suficientes libros o no encuentras la respuesta en casa, puedes acudir a una biblioteca cercana.
-- Busca temas afines a sus preferencias. Existe una gran oferta de textos infantiles sobre muchos temas y dirigidos a mentalidades y edades muy variadas. Si los títulos que eliges son acorde a las aficiones y gustos de tu hijo, tendrán muchas más posibilidades de que le interesen y su lectura le atrape.
-- Descúbreles la utilidad de leer como fuente de información. Ayuda a tus hijos a conocer los libros mostrándoles cuál es el título, quién es el autor y el ilustrador. Puedes explicarles que hay diversos tipos de libros: de lectura, de texto o consulta, y que cada uno tiene una función. Todos son útiles y divertidos si se saben utilizar.
-- Ten libros en tu casa. Cuando el niño se familiariza con la presencia del libro como un elemento de su entorno, se ayuda a que establezca un vínculo natural con la lectura. Si aún no lo tienes, busca algún espacio para colocar los libros y cuidarlos, y si es posible también para leer con regularidad. El gusto por la lectura hay que cultivarlo y en el mejor ambiente posible.
-- Visita la biblioteca y las librerías. Los fondos de la sección infantil y juvenil de las bibliotecas públicas ofrecen muchos más libros de los que se puedan tener en casa. Además, en esos lugares suelen desarrollarse actividades de animación a la lectura, como los “cuenta-cuentos”, y encuentros con otros lectores. Además, puedes incluir en las salidas con tu hijo una visita periódica a una buena librería, para informarse de las novedades editoriales relacionadas con los temas que le han interesado.
-- Averigua qué tipo de lector es tu hijo. Hay lectores que no paran hasta que terminan el libro, y otros más sosegados. A algunos les gusta releer el mismo libro y otros buscan novedades. También los hay noctámbulos y diurnos. Respetar la manera de leer de tu hijo y sus ritmos, ayuda a consolidar el hábito.
-- Comparte la aventura de leer. Si tu hijo no tiene afianzado el hábito lector, es recomendable leer un cuento juntos. Esa co-lectura en voz alta, alternándose fragmentos del relato, es muy estimulante para el niño, le hace sentirse seguro y retado para sortear las dificultades del texto. Transforma ese rato en algo especial, y compártelo en un lugar agradable, para que la lectura se asocie a sensaciones de armonía, seguridad, placer. Nunca debe relacionarse con castigos, reprimendas ni imposiciones.
Normas y limites
¿Debemos poner normas y límites a nuestros hijos?
Cada vez que he tenido ocasión de reunirme con un grupo de padres, ha surgido el tema de los límites y las normas. Independientemente del tema que se fuera a tratar, siempre surgía algún padre con la necesidad de hablar acerca de sus dificultades para imponer límites y normas a sus hijos.
Esta es la razón por la que he creído conveniente compartir algunas ideas acerca de qué es una norma o porque debemos poner límites a nuestros hijos. Tener esto claro ayudará a cada miembro de la familia a saber cuál debe ser su papel dentro de ella. Pero vayamos por partes.
Qué son los límites y las normas
La mejor manera de saber de que hablamos es llamar a cada cosa por su nombre. Entendemos por norma una instrucción clara y directa sobre un comportamiento que queremos modificar, ya sea para aumentarlo, para disminuirlo o para eliminarlo.
Toda norma supone unos límites , es decir un “tope” que nos indica hasta donde podemos llegar con un comportamiento concreto.
Por qué son necesarios
Imaginemos que conducimos nuestro coche por una ciudad en la que no existieran normas de circulación. Tendríamos muchas posibilidades de hacerlo mal, porque no sabríamos cómo hacerlo bien.
• La existencia de normas familiares ayuda a los niños a saber qué se espera de ellos. Es más probable que un niño tenga el comportamiento que esperamos de él, cuando conoce qué es lo que debe hacer.
• Proporcionan seguridad y confianza. Ante un semáforo en rojo no tenemos dudas de cuál ha de ser nuestro comportamiento y podemos prever cuál será el del resto de peatones y vehículos. Saber qué se espera de nosotros nos ofrece la posibilidad de hacerlo y de recibir a cambio la compensación por la conducta adecuada. Nada provoca mayor inseguridad que no saber cómo debemos comportarnos.
• Las normas ayudan a los niños a autorregularse. Cuando son pequeños asumen las normas impuestas por los padres. A medida que se hacen mayores van siendo capaces de internalizar esas normas y cumplirlas sin necesidad de supervisión. Con ello estamos contribuyendo a que nuestros hijos sean cada vez más autónomos.
• Y, posiblemente, uno de los mayores beneficios que podemos obtener de las normas y los límites es que nos preparan para vivir en sociedad. Haber aprendido desde pequeños que no siempre se puede obtener lo que se quiere (capacidad para tolerar la frustración), en el momento que se quiere (capacidad para demorar la gratificación), nos evitará muchos disgustos en la edad adulta y posibilitará que nos convirtamos en personas más felices.
En próximos encuentros abordaremos qué tipos de normas deben existir en nuestra familia, si unas normas tienen más valor que otras o qué podemos hacer para que esas normas se cumplan.
Y recuerden que nadie dijo que educar fuera fácil, lo que sí puede llegar a ser es la tarea más gratificante del mundo. ¡Ánimo!
La familia
estimulación del lenguaje oral
HABLARLES DE MANERA CLARA, LENTA Y PAUSADA
Es muy importante pronunciar muy bien todos los fonemas (sonidos) durante las conversaciones con tu hijo o tu hija, en ocasiones, incluso con sonidos que les resultan difíciles, de forma exagerada.
HABLARLES DE FORMA NATURAL
No porque sean pequeños hay que hablarles con diminutivos o utilizando palabras infantiles.
NO PREOCUPARSE SI TARTAMUDEA
Normalmente todos los niños y niñas lo hacen a estas edades. No es algo permanente, simplemente forma parte de una etapa evolutiva. El mejor tratamiento de ese tartamudeo infantil es no darle importancia, ni siquiera decirle que hable más despacio o que piense antes de hablar, porque al hacerlo, será consciente de su problema y le costará más superarlo
NO ACABAR LAS FRASES POR ELLOS
Ni cuando le hayas entendido a mitad de frase ni cuando parece que se les acaba el aire o cuando te da la impresión de que no lo están entendiendo otras personas.
NO CORREGIRLE DURANTE LA CONVERSACIÓN
Cuando acabe de hablar podremos ofrecerle el modelo correcto. Nunca hay que repetir las palabras mal pronunciadas por muy graciosas que sean.
HABLAR MUCHO CON ELLOS Y ELLAS.
Favorece el aprendizaje de los sonidos de su lengua natal, estrecha los lazos afectivos, estimula sus capacidades, favorece la comprensión y la expresión y tendrá más potencial para asimilar y recordar lo aprendido.
http://www.scribd.com/doc/2946824/Desarrollo-del-lenguaje-oral